Ya sea un mueble, un producto digital o software, el buen diseño debe ser comprensible. Debe orientar, reducir la complejidad y hacer que las cosas se utilicen de forma intuitiva y natural.
Para mí, el pensamiento lógico y la visualidad están directamente unidos. Una aplicación puede ser tecnológicamente muy potente; si las personas no entienden intuitivamente cómo funciona, no está realmente bien diseñada.
Por eso me ocupo tanto de proporciones, materiales y tipografía como de recorridos de usuario, interfaces, procesos y de cómo convertir una tecnología compleja en una experiencia sencilla.